Liliana SalaverryArquitecta · Salud urbana

Calidad del aire interior y confort térmico: lo que no se ve

Los problemas más frecuentes de la vivienda no se ven en una visita. Se notan después de un invierno.

18 de mayo de 2026 · 6 min de lectura

Pasamos alrededor del noventa por ciento del tiempo en interiores. Sin embargo, la calidad del aire que respiramos dentro de casa recibe una fracción mínima de la atención que dedicamos a la contaminación exterior.

De dónde viene el problema

El aire interior concentra contaminantes de origen muy distinto: humedad generada por la propia ocupación, compuestos orgánicos volátiles procedentes de materiales y productos de limpieza, partículas de la combustión en cocinas, y contaminación que entra desde el exterior.

La combustión merece atención aparte. En amplias zonas de América Latina todavía se cocina con leña, carbón o querosene en espacios mal ventilados. La contaminación del aire doméstico derivada de esa práctica es uno de los factores de riesgo ambiental con mayor carga de enfermedad respiratoria en la región, y afecta sobre todo a mujeres y a niñas y niños pequeños.

En el otro extremo del parque construido, la mejora de la estanqueidad de las viviendas no vino acompañada de una mejora equivalente de la ventilación. Se resolvió la pérdida de energía y se creó un problema de aire.

Las señales que conviene mirar

  • Condensación persistente en ventanas durante los meses fríos.
  • Manchas oscuras en encuentros de fachada, esquinas o detrás de muebles.
  • Olor a humedad que reaparece a los pocos días de ventilar.
  • Sensación de aire cargado al entrar en una habitación cerrada.
  • Diferencias grandes de temperatura entre estancias de la misma vivienda.

Ninguna de estas señales es estética. Todas indican un funcionamiento deficiente que, sostenido en el tiempo, tiene consecuencias respiratorias.

Ventilar no es abrir la ventana un rato

La ventilación puntual ayuda, pero es intermitente y depende del comportamiento. Una ventilación bien resuelta funciona de forma continua y controlada, renueva el aire sin perder todo el calor acumulado y no obliga a elegir entre respirar y no pasar frío.

Cuando ventilar cuesta dinero en calefacción, la gente deja de ventilar. Y entonces aparece el moho.

Aire y temperatura son el mismo problema

Es el punto que más se pasa por alto: la calidad del aire y el confort térmico no son cuestiones separadas. Una vivienda mal aislada empuja a cerrar y no ventilar; una vivienda bien aislada permite renovar el aire sin penalización. Intervenir sobre la envolvente resuelve las dos cosas a la vez.

Por eso, cuando se evalúa una vivienda o un conjunto residencial desde criterios de salud, aislamiento, ventilación, humedad y temperatura se analizan juntos. Por separado no se entiende el comportamiento real del edificio.

Trabajemos juntos

De la lectura al proyecto

Si lo que has leído aquí conecta con un espacio, un proyecto o un territorio en el que estés trabajando, hablemos. Una sesión diagnóstica de 30 minutos suele bastar para ver por dónde empezar.